Conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios Ef. 2:19

Las Escrituras
Creemos que las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento son la Palabra del Dios viviente, plenaria y verbalmente inspiradas por Dios y sin errores en los manuscritos originales. Creemos que las Escrituras contienen los 66 libros que componen La Santa Biblia (Sin incluir los libros apócrifos o deuterocanónicos). Creemos que La Santa Biblia es la autoridad suprema y final en todo asunto de vida y fe. Jn. 14:26; 16:12-13; 2 Ti. 3:16-17, 1 Ti. 5:18; 2 Pedro 1:21; 3:16.

Dios
Creemos que hay un solo Dios que existe eternamente en tres personas: El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. Cada una de estas tres personas posee la misma naturaleza y los mismos atributos y perfecciones de la Deidad. Dt. 6:4; Mt. 28:19; Juan 15:26; 1 Ti. 1:17; 2:5; 1 Co. 8:6; 2 Co. 8:6, 2 Co. 13:14.

Dios el Hijo
Creemos que el Señor Jesucristo es la encarnación de Dios, El Hijo. En cuanto a su humanidad fue engendrado por el Espíritu Santo y concebido en la virgen María; y Él es verdadero Dios y verdadero hombre, santo e impecable. Mt. 1:18-20; Lc. 1:35; Jn. 1:14; Hch. 7:26; 1 Tim. 3:16.

Dios el Espíritu Santo
Creemos en la personalidad y Deidad del Espíritu Santo. Él convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Él, de una vez y para siempre regenera a cada creyente cuando lo bautiza en el cuerpo de Cristo, lo sella y habita permanentemente en Él. El Espíritu Santo da poder para la vida y el servicio de los que cumplen con las demandas bíblicas de sumisión y total dependencia de Él. Creemos que las profecías son para la edificación, exhortación y consolación del cuerpo de Cristo tal como la Escritura lo enseña, y que ninguna profecía está por encima de la enseñanza de Las Sagradas Escrituras y que jamás puede ser ésta superada por ninguna revelación, sueño, visión, etc. Jn. 16:7-11; Ro. 8:9; 1 Co. 12:13; Gál. 5:16; Ef. 4:30.

El Hombre
Creemos que el ser humano fue creado a la imagen de Dios y por un acto directo de Él. Él pecó y por lo tanto incurrió en el castigo de la muerte física y espiritual, quedando de esta manera separado de Dios. Todos los seres humanos nacen con una naturaleza pecaminosa y son responsables de sus pensamientos, palabras y hechos. Creemos que el pecador sin arrepentimiento está irremediablemente perdido y que es totalmente inhábil para salvarse haciendo todo el bien que pueda o por cualquier otro medio religioso, humanístico o filosófico. Para salvarse el hombre necesita desesperadamente arrepentirse de sus pecados y recibir a nuestro Señor Jesucristo, como su único y suficiente salvador. Gén. 1:26; Lc.13:3; Jn. 14:6; 1:12; Hch. 4:12; Ro. 2:5; 3:23; 5:12; 6:23; Gál. 5:17-21.

La obra de Cristo
Creemos que la muerte de Cristo en la cruz fue un sacrificio vicario y expiatorio. Con base en el derramamiento de su sangre, su resurrección corporal y su ascensión a la diestra del Padre, Él provee salvación para todos y es El Salvador de todos los que en Él creen. Él está ahora en el cielo como intercesor y abogado a favor de los creyentes. Creemos que las imágenes y los ídolos son abominables a Dios y los rechazamos como objetos de mediación o intercesión ante nuestro Padre Celestial, como negamos a cualquier otro intercesor entre Dios y los hombres, reconociendo como único intercesor a nuestro Señor Jesucristo. Creemos que Jesucristo es El Señor y cabeza exclusiva de la Iglesia. Ex. 20:3-5; Salmo 115; Is. 44:9-20; 3:8; Hch. 7:25; He. 4:14-16; 1 Ped. 3:18; 1 Co. 15:3-6; Ef. 1:22-23; Col. 1:18; 1 Tim. 2:6; 1 Jn. 2:1.

Salvación y seguridad
Creemos que cada persona que recibe al Señor Jesucristo por medio de la fe, aparte de cualquier obra humana, es declarada justa ante Dios con base en el sacrificio de Cristo. Es nacido de nuevo por El Espíritu de lo alto y llega a ser un hijo de Dios creado en Cristo Jesús para buenas obras. Todos los redimidos son guardados eternamente por el poder de Dios. Creemos en la toda suficiencia de la sangre de Jesucristo derramada en el Gólgota para la limpieza cabal y el perdón absoluto del pecador y que conforme a Su poder hace a los hombres Nuevas Criaturas totalmente libres de toda maldición ancestral, demoníaca y de toda práctica de hechicería. Creemos que todos los que por fe reciben al Señor Jesucristo nacen a la familia de Dios por operación milagrosa y regeneradora del Espíritu Santo. Él Soberano Espíritu de Dios bautiza al creyente en un solo cuerpo, la Iglesia, hasta el día de la redención; también lo llena en la medida y proporción en que el creyente se rinde al Espíritu de gracia. Creemos que aquellos a quienes Dios ha amado en su hijo Jesucristo y por Su Espíritu ha llamado eficazmente y los ha santificado, no pueden caer parcial, total, ni finalmente del estado de Su Gracia, sino que con toda certeza perseverarán en Él, hasta el fin, y serán salvos por toda la eternidad. La perseverancia del cristiano no depende de su propia voluntad, sino de la preservación de Dios en Su plan lleno de amor y poder infinitos para Él. Por lo tanto creemos que la salvación no se pierde. Jn. 1:12-13; 3:3; 5:24; 6:39; 10:29, 29; 11:25-26; Ro. 3:21-28; 8:21-28; 8:1, 29-34; 2 Co. 5:17; Ef. 1:13, 14; 2:8-10; 1 Jn. 5:11-12; Ex. 20:6; 2 Co. 5:17; Jn. 8:36; Mt. 16:18; Col. 1:12-14; Gál. 5:16-17; Ro. 6:1; 1 Ped. 1:4-5.

Las Buenas Obras
Creemos que las buenas obras deben adornar visible y constantemente la vida del cristiano. Si bien éste no se gana la salvación haciendo buenas obras, urge que demuestre mediante sus buenas obras la salvación que ya tiene. La Escritura enseña inequívocamente que el cristiano fue “creado en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Pablo exhorta al cristiano a ocuparse en buenas obras; dice que debemos ser ejemplo de buenas obras, describe a la Iglesia como un pueblo celoso de buenas obras. Ef. 2:10; Tit. 3:8-14.

La Santificación
Creemos que cada persona que está en Cristo es ya santificada, o sea apartada para Dios en cuanto a su posición ante Él. Dios ha hecho provisión mediante la obra de Cristo y el Ministerio del Espíritu Santo para que el creyente pueda vencer el pecado y crecer en santidad. La santificación del creyente no será completa hasta el día de la redención final. 1 Co. 1:2; Ro. 6:6; 11:13; Gál. 5:16; Ef. 1:7; 4:30; 1 Ts. 5:23; I Jn. 3:2.

El Rapto o Arrebatamiento
Creemos que El Señor Jesucristo regresará en el aire para llevar allí a los suyos. Será un acto privado y exclusivo en el que participará sólo la Iglesia. Este evento es inminente o sea que puede ocurrir en cualquier momento y a esto llamamos el Rapto. Este arrebatamiento a las nubes tendrá efecto antes de la gran tribulación. Lc. 21:36; Ro. 8:1; 2 Ts. 2:4; Ap. 3:10.

La segunda venida
Creemos que El Señor vendrá por segunda vez en forma personal y corporal con poder y gloria acompañado de Su Iglesia y vendrá a esta tierra para establecer su Reino Milenial. Dn. 2:44; Hch. 1:11; Jn. 14:3; 1 Ts. 4:15-17; Ap. 3:10; 11:15; 19:11-16.

La Resurrección
Creemos en la resurrección de los muertos: justos e injustos. Los primeros son para bendición eterna y los últimos para perdición eterna. Los que mueren en Cristo pasan inmediatamente a la presencia del Señor y sus cuerpos serán levantados en el día de la resurrección. Jn. 5:28-29; 1 Co. 15:51-52; 2 Co. 5:1-8; Fil. 1:23; Ap. 2:11-15; Dn. 12:2.

Los Ángeles
Creemos en la existencia y personalidad de los seres angelicales: Los ángeles no caídos y los caídos. Los ángeles no caídos sirven a Dios en el cumplimiento de Sus propósitos. Los ángeles caídos, Satanás y sus demonios se oponen a Dios. Fueron vencidos por Cristo en la cruz y tendrán su fin en el lago de fuego; creemos que los ángeles no pueden reproducirse pues son seres espirituales. Creemos que los espíritus inmundos no pueden poseer a los verdaderos cristianos pues éstos ya están poseídos y sellados por El Espíritu Santo del Dios Trino. Mt. 25:41; Col. 2:15; Heb. 1:7-14; Ap. 12:9; 1 Cor. 3:16-19; 2 Cor. 13:5; Ef. 1:13.

La Iglesia
Creemos que Dios se reveló progresivamente en la historia humana y ha estado formando un pueblo para sí. La Iglesia local y universal se inició en el día de Pentecostés y presenta el propósito especial de Dios durante la presente edad. Cristo instituyó para la Iglesia las ordenanzas del bautismo en agua por inmersión y la Cena del Señor. Creemos que la Iglesia primitiva se reunía para adorar, instruirse en la fe y estimularse al amor y a las buenas obras; para tal fin perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Este debe ser el incambiable patrón que caracterice a la Iglesia en el día presente y especialmente a la IGLESIA DE JESUCRISTO LA FAMILIA DE DIOS. Creemos que la Iglesia no es una organización sino un organismo, que no es un edificio material sino un compañerismo espiritual entre los que han alcanzado la fe preciosa. La Iglesia esta en el mundo como testigo de Su cabeza, Jesucristo, y debe estar continuamente ocupada en hacer Su Nombre conocido a los perdidos y sirviendo de oasis a los que han recibido a Cristo. Creemos que en la iglesia primitiva: los chiflidos y el desorden nunca se practicaron, por lo tanto rechazamos como parte del culto: el baile, y el desorden que caracteriza a muchas iglesias en la actualidad. En nuestra congregación damos libertad al Espíritu y aceptamos las manifestaciones de gozo, de júbilo y la danza en El Espíritu. Mt. 28:19-20; Hch. 1:6; 2:41; Ro. 12:4-5; 15:7; 1 Co. 12:13; 14:40; 11:23-25.

El Poder Civil
Creemos que Dios estableció la autoridad civil después de la caída para controlar la violencia y regular las responsabilidades sociales de los hombres entre sí. El cristiano debe respetar al gobierno y obedecer las leyes en todo lo que no contradiga las enseñanzas de Las Sagradas Escrituras. Todo gobierno humano es imperfecto pero la esperanza del hombre es un gobierno perfecto el cual Cristo establecerá en su Reino Milenial. . Gen. 8:21; 9:6; Is. 9:6-7; 11:1-10; Mt. 22:21; Hch. 4:19; Ro. 13:1-7; 1 Ped. 2:13-17.